domingo, 12 de octubre de 2008

El Cristo de espaldas

Jorge Alí Triana adaptó en 1986, para la televisión colombiana, la obra literaria más importante de Eduardo Caballero Calderón confiriéndole un aspecto teatral en el que sobresalen las interpretaciones por encima del resto de apartados, circunstancia lógica debida a la falta de medios, subsanado por la maestría del director colombiano en la dirección de actores.

La película nos sitúa en la llegada de un nuevo cura a un pueblo que se verá envuelto en la historia de odio entre un padre y su hijo, teñido todo ello en intrigas políticas de parte de los ostentadores del poder intentando utilizar la excusa de la muerte del padre a manos del hijo, en realidad falso y complot de un personaje maquiavélico, para tener carta blanca en eliminar a sus rivales políticos.

Anacleto, el acusado de asesinar a su padre, Roque Piragua, el cacique local acudirá desesperado a pedir ayuda al párroco, el único que le prestará ayuda a viento y marea incluso arriesgando su vida para intentar ofrecer un juicio justo al detenido, cosa a la que no están dispuestas las autoridades y dispuestas a ejecutarlo, cosa que podrá el cura parar hasta que el obispado le ordene salir de allí y dejar a las autoridades decidir, hecho que provoca la expresión que al párroco se le puso El Cristo de espaldas.

El telefilm se beneficia, como hemos hablado antes, de una gran recreación interpretativa por parte de los actores, dirigidos con genialidad por Jorge Alí, destacando a Luis Fernando Montoya en su papel del desesperado Anacleto y el prematuramente fallecido Jorge Emilio Salazar que compone al cura con dudas morales pero que dará todo lo que pueda para ayudar a Anacleto hasta el final en el que no le queda más remedio que abdicar de su intento siendo reprendido por sus superiores.

Alrededor de la trama se erigen otras circunstancias, como el personaje que desencadena toda la acción y que, con la acción que ejecuta salda una vieja cuenta y además se libra de la facción política rival en un alarde de ingenio y maldad puesto que no le importa destrozar la vida de un inocente para conseguir sus propios fines.

En algunos momentos la película me recordó a esa Obra Maestra del cine español que es El crimen de Cuenca (1979) de la ya fallecida Pilar Miró. Y me lo recordó por la música, por el tema de dos ideales políticos enfrentados, por estar situadas en la parte rural del país y por el uso de la tortura y la injusticia en gran parte de su historia.

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